lunes, 27 de julio de 2020

VISTAS Y VISITAS

No quiero sonar mon贸tono, pero te he vuelto a dejar fluir entre mis letras. Cada vez es distinto, un nuevo descubrimiento; te veo flotar en el aire, con un hilo rojo atado al me帽ique, a veces bailas, al ritmo de las hormigas que suben por la pared, en un vestido muy bonito. Me quedo viendo como los pliegues se mueven de aqu铆 para all谩 como las olas en el mar. En otras ocasiones s贸lo te me quedas viendo en silencio como reclamando algo y es ah铆 cuando se me ocurre escribirte, descubrirte detr谩s de cada palabra.


Est谩s ah铆, en el sill贸n, con una sonrisa que ni Da Vinci podr铆a dibujar. Cierro los ojos y estoy junto a ti, jugando al c铆clope. Lo 煤nico que s茅, en ese momento, es que me miras con esos ojitos de tulip谩n y que yo te miro como te miro s贸lo porque te quiero. Las circunferencias tiemblan, sacudidas por el terremoto de estar los dos juntos. La 煤ltima noche, y no necesito confirmarlo, hay algo en el raro color del aire que flota al final de tus mechones y detr谩s de tus orejas que me hace sentir extra帽o, es la sensaci贸n de estar a punto de separarnos. 


Hablamos el lenguaje que s贸lo nosotros conocemos, usamos gestos que nadie ha sentido, miradas que nadie se ha imaginado y las sensaciones que ni el m谩s atrevido ha experimentado. Van surgiendo a cada segundo: salen de las yemas de mis dedos como tiritas de colores, de tus ojos caen personitas peque帽itas que van vestidas de fiesta. Inventamos formas, medidas y colores nuevos cada vez que queremos y nunca nos aburrimos de hablar como hablamos y si ocurre, s贸lo basta un parpadeo para reinventarlo todo desde cero. Me miras y siento un grito en el cerebro y empiezo a verte mejor. Esos puntitos blancos que tienes en el centro empiezan a crecer hasta que son igual a los faros. Yo me siento feliz y s茅 que t煤 tambi茅n. S茅 que lo est谩s porque lo siento en la intensidad con la me ves.


Es divertido estar los dos s贸los. Bueno no tan s贸los porque el sill贸n es nuestra nave. Lo usamos para visitar un nuevo lugar todas las veces que queremos, sin repetir sitios, montados a espaldas del elefante. Es un objeto sin vida pero imaginamos que no lo es. En su lugar, es el testigo cada vez que vienes a verme o que voy a visitarte, es el an贸nimo que presta su existencia a la pasi贸n descargada y las deliberadas entregas de amor.


Nos sentimos eternos, el uno para el otro, pero el tiempo no lo es y el ef铆mero instante antes que la cuenta regresiva inicie, nos tomamos de las manos presintiendo lo peor. La realidad vuelve a ser la misma, con sus rutinarias manos llenas de sudor, los ojos aguados y los labios resecos. Antes de despedirme porque ya es un hecho que te vas abro la boca para decir la primera palabra desde que llegaste. Justo en ese momento empiezo a orar por ti.


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