lunes, 27 de julio de 2020

VENTANA

Fui a estirar las piernas y me asomé a la ventana: el cielo seguía oscuro y sin estrellas. Era de día cuando vine a verte y ahora que el aire cálido del interior se escapaba, sin rumbo, por la ventana supe que la noche no se iba a terminar. Al menos no tan rápido porque el tiempo se ralentiza a nuestro lado.


Alargamos cada segundo lo más que pudimos pero la certeza de ser separados por la rutina, los plazos y los agobios cotidianos se acercaba con la rapidez de un tren en marcha. El capataz disgustado, por nuestro afecto que saltaba de la piel como las chispas de un cable electrificado, exige desde la ventana, con su voz ronca: separación, desdicha y tristeza pero no nos importa, que se joda el capataz nos tenemos el uno al otro y es lo que importa, por lo menos en este segundo, porque al final siempre consigue lo que quiere, pero esta noche no, esta noche afrontaremos las consecuencias.


Toco tu boca, como lo haría Cortázar, posando mis labios sobre los tuyos, embriagado de tu aliento de sabor a tranquilidad. El capataz grita, el cuello marcado por la yugular hinchada se mueve como una pitón pero no escucho nada porque de tu interior surge una melodía muy parecida a la clásica, pero distinta a la vez. Suena a tardes de infancia, paseos en bicicleta y avioncitos de papel. El capataz, con un río fluyendo en la frente, sigue histérico porque no puede entrar. No puede porque está del lado de la calle y aunque la ventana esté abierta hay algo que lo frena. Es el calor que desprenden nuestros cuerpos.


Las manos corren salvajes en la piel desnuda de ambos cuerpos y nos besamos como nunca antes porque sabemos que él odia eso. Odia que nos besemos, nos queramos, nos acariciemos gentilmente. Odia que hagamos el amor. Que yo te ame como yo solo sé hacerlo. Somos nuestros dueños y él no puede hacer nada. El ritmo lo impone quien gobierna no el sujeto de la ventana.


Soy yo el gobernante, pero no autónomo, porque eres tú exiges y yo obedezco. Me exiges que te ame y lo hago. Como nadie lo haría nunca: con pasión desenfrenada y dulzura intensa. Lo hago para que no lo olvides, para tatuarte mi amor en el alma y el cuerpo.


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