Raul y sus amigos: Andres, Luis, Laura y su hermano Ismael estaban reunidos para planear como recibir el año nuevo.
—¿Y si vamos a mi casa, cuando mi papá esta borracho regala dinero? ─dijo Laura mirando a los niños más pequeños en las bicicletas que recibieron en navidad.
—Nooo... para ver borrachos voy a mi casa ─contestó Luis.
—Isma no te vayas tan lejos ─gritó Laura, sin prestarle mucha atención a Luis.
Luis blanqueo los ojos y le dio una palmada en el muslo a Andres que conversaba con Raul de una niña que le gustaba pero que no se atrevía a nombrar frente a Laura. Ella la conoce y ya sabes como vuelan los chismes decía Raul mientras arrastraba las suelas en la calle.
—¿Vos que pensas? ─preguntó Luis.
—¿Pensar de qué? ─contestó Andres imitando su acento.
—Laura nos invita a su casa, pero yo creo que sería mejor ir a otro lado.
—Yo no sé, cualquier lugar es mejor que estar en mi casa... además, la mamá de Laura cocina muy rico ─dijo Andres viendo como Laura levantaba a su hermano. Se había enredado con los cordones de sus zapatos y lloraba con la cara llena de tierra.
—¿Y tú Raul?
—Donde vayan ustedes yo voy.
Andres abrió la boca para contarles lo que había oído, la noche anterior, mientras compraba unos cheetos. Esperando que el señor de la tienda le diera su cambio escuchó a cuatro borrachos, que tenían la mesa llena de botellas vacías, discutir el verdadero motivo del abandono de la normal. Estaban el papá de Lee Carpenter y tres de sus amigos de la fabrica o al menos lo eran porque los cuatro todavía traían el uniforme de la central eléctrica.
Raul fue el último en bajar al hoyo. La normal 19371, abandonada por la FDD Company en los años veinte por la explosión que dejó veintiún mineros muertos y otros doce heridos, no tenía vigilancia desde los años noventa.
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